
Ya fue en el mes de febrero, a principios de mes, cuando estaba ultimando los detalles de mi próxima exposición. Aunque aún quedaba más de un mes, ese día me sentía un poco especial.
Salí de trabajar de mi estudio, donde suelo pintar desde que me instalé en esta ciudad, para ir a tomarme una cañita a una tapería a la que a menudo suelo ir. No es que sea un lugar caracterizado por su tranquilidad, puesto que siempre suele estar llego de incondicionales asiduos al lugar, que como yo, buscan el bullicio para sumergerse en su historia más íntima...
Salí de trabajar de mi estudio, donde suelo pintar desde que me instalé en esta ciudad, para ir a tomarme una cañita a una tapería a la que a menudo suelo ir. No es que sea un lugar caracterizado por su tranquilidad, puesto que siempre suele estar llego de incondicionales asiduos al lugar, que como yo, buscan el bullicio para sumergerse en su historia más íntima...
Allí estaba, en la barra, casi en la entrada del local, esperaba a una persona con la que había quedado, y mientras, sentí la necesidad de sacar del bolso mi libretita y ponerme a escribir un texto, que luego pude utilizar para esa exposición que en el mes de abril tenía en Miranda de Ebro, en la sala de Caja Burgos y que titulé "Esencia de Mujer".
El texto lo ajusté un poquito para poder cuadrarlo con las obras que llevaba, pero esto fue el resultado que aparecía en el tríptico que publicaron:
(espero que disfrutes con él)
Ya, ni me acuerdo a escribirme, a sentirme, a entenderme…
Hace meses que no me pongo a ello. Ya apenas y recuerdo lo último a lo que dediqué unos minutos de mi vida; no recuerdo el último día en que decidí coger por un rato al amigo bolígrafo y a la inseparable libreta, la que sale de casa conmigo indistintamente de la hora o del lugar al que me dirija.
Si recuerdo el último minuto en que tuve entre mis manos un pincel con el cual disponerme a empaparlo de pintura y dejarme llevar para que mi interior, mis sentimientos, mi infinito yo, decidieran en qué quedar plasmados, para que tal vez en otro tiempo se llegue a ver; después quizás de que la “puerta a la luz” se abra para que mi alma viaje en un “paseo por el universo” y regrese, quizás tras un intenso “grito de amor” volando como un gran cuervo de brillante negro agüero de felicidad.
La Tajá. Febrero ´09. Asun Adá
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